¡Bienvenidos a nuestro nuevo blog! En Honesto estamos comprometidos con la construcción de un futuro sostenible y consciente. Por eso, inauguramos este espacio con una reflexión sobre la manera en que comunicamos el cambio climático y cómo nuestra interacción social es un factor determinante en la actual falta de conciencia sobre este desafío global.

En la era de las fake news, el tema del cambio climático ha sido uno de los más atacados desde poderosos frentes que buscan retrasar su masificación y bloquear los cambios que se necesitan en todo el mundo. Como agencias de publicidad y comunicación tenemos una gran responsabilidad en todo este caos informativo. Pero también contamos con herramientas muy efectivas para mejorar nuestro trabajo y alinear las ideas en busca de un futuro mejor para todos.

En esta primera entrega, hacemos un breve recorrido histórico para evidenciar las causas de una narrativa que se inició hace décadas y que se ha transformado de forma muy negativa con el tiempo. En la segunda parte, abordaremos en detalle los principales errores que cometemos los comunicadores al tratar el tema. En la última, ofreceremos una visión de las soluciones metodológicas y mejores prácticas en el storytelling del cambio climático.

Nos entusiasma ofrecerles este nuevo espacio de reflexión sobre nuestro rol en la construcción de un mañana sostenible. ¡Gracias por unirse a nosotros en este importante viaje hacia un futuro más consciente!

El storytelling del cambio climático I: Si tan solo lo hubiéramos sabido antes

Portada de la revista Time del 2 de enero de 1989. Vol. 133 N.° 1. © Time. Crédito del diseño: Gianfranco Gorgoni.

La Tierra en peligro de extinción. Así presentaba su Personaje del Año la revista Time hace 34 años. Una edición dedicada a cubrir un fenómeno atmosférico, que si bien ya estaba siendo estudiado y debatido por más de tres décadas en los círculos científicos, hacía unos meses había entrado al Congreso de los Estados Unidos de la mano de James Edward Hansen, el entonces Director del Instituto Goddard de Estudios Espaciales, un laboratorio adscrito a la NASA y afiliado a la Universidad de Columbia.

Dos meses antes de esa portada, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) crearián una entidad que actualmente goza de muy alta popularidad, siendo tendencia de búsquedas y menciones en Internet hace pocas semanas, el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático o IPCC por su sigla en inglés.

Sin embargo, este cubrimiento mediático y esfuerzos multilaterales de tan alto nivel eran ya acciones tardías para algo que como sociedad conocíamos muy bien por lo menos una década atrás.

Como bien relata Nathaniel Rich en su libro Perdiendo la Tierra, “casi todo lo que sabemos en la actualidad del calentamiento global ya lo sabíamos en 1979. Si algo había de bueno en aquel momento era que se comprendía mejor. RICH, NATHANIEL. (2019). Perdiendo la Tierra. Traducción de Victoria Padilla Canet. Cápitan Swing.

La conciencia del inmenso desafío que enfrenta la civilización contemporánea surgió antes que las principales revoluciones tecnológicas que definen nuestra vida actual, desde el horno microondas hasta los teléfonos móviles. ¿Pero entonces por qué sigue siendo un tema tan polémico, lleno de zonas grises y tan ampliamente ignorado? Es muy extraño que, siendo una predicción resultado de diversas ciencias, goce de tan poco consenso en tantos sectores de la sociedad, generando incluso reconocidos líderes mundiales que basan su popularidad mediática en la negación del fenómeno mismo

La respuesta no es realmente muy compleja. Como cita el más reciente Comunicado de Prensa del IPCC, con el que presentó su Sexto Informe de Evaluación (AR6), “Con un mayor conocimiento de las consecuencias del consumo excesivo, las personas pueden tomar decisiones mejor fundamentadas.” La negación sobre le cambio climático y sus posibles consecuencias es un juego de intereses económicos.

La apertura del AR6 repite un diágnóstico ya presente en varios documentos que se acumulan con los años:

“A.1 Las actividades humanas, principalmente a través de las emisiones de gases de efecto invernadero, han causado inequívocamente el calentamiento global, con una temperatura superficial global que alcanzó 1,1 °C por encima de 1850-1900 en 2011-2020. Las emisiones globales de gases de efecto invernadero han seguido aumentando, con contribuciones históricas y actuales desiguales derivadas del uso de energía no sostenible, el uso de la tierra y el cambio de uso de la tierra, los estilos de vida y los patrones de consumo y producción en todas las regiones, entre países y dentro de ellos, y entre individuos (nivel de confianza alto).”

La mejor ciencia actualmente disponible lo deja claro: el cambio climático contemporáneo es un fenómeno producido por el ser humano. Por eso los geólogos inaguraron una nueva edad en el desarrollo del planeta al que llamaron Antropoceno, que se considera empezó en la segunda mitad del siglo XX con el aumento sin precedentes de la actividad industrial, la urbanización, la intensificación de la agricultura, la sobreexplotación de los recursos naturales y el aumento de la población humana.

Este diágnóstico indica que nuestro estilo de vida es el responsable, y es algo que obviamente no nos agrada. Por eso, entramos en un estado de negación. Los grandes sueños de la modernidad, materializados en un crecimiento económico infinito, en el que las sociedades se desarrollan a través de el trabajo y la innovación incesantes, son ahora una pesadilla para las futuras generaciones.

Ninguno de nosotros quiere sentirse responsable. El ama de casa que compra alimentos económicos que no se cultivan en su país pero que garantizan una buena alimentación para sus hijos, el deportista que se hidrata con un par de botellas de agua al día, el alto ejecutivo que cambia su vehículo con frecuencia para mantener su inversión, el empresario que inyecta todo su capital en la importación de mercancías que viajan medio mundo para abastecer nuevos mercados con soluciones innovadoras y competitivas, el amante de los viajes que ahorra una parte significativa de sus ingresos para las vacaciones anuales… nadie está haciendo nada esencialmente malo. Por el contrario, todos estamos impulsando la economía global, garantizando la generación de riqueza, creando nuevos empleos y universalizando el bienestar humano

Es cierto que en el proceso se produce algo de basura, pero no es nada que nuevos desarrollos tecnológicos no puedan resolver. ¿Quién en su sano juicio elegiría sacrificar todo este beneficio por unos bosques inhabitados, unos mares que nadie navega, algunas especies salvajes no comestibles o unas cuantas islas que ni siquiera aparecen en los mapas turísticos?

Y así comienza uno de los principales problemas que tenemos como sociedad y que a la vez es un gran determinante del estado de negación actual: el storytelling del cambio climático.

La conversación actual presenta escenarios de contraste entre el optimismo y el pesimismo desbordados. Para los primeros, el futuro tecnológico nos permitirá superar los problemas actuales de nuestra civilización y construir un mundo altamente eficiente. Para los segundos, la Tierra colapsará inevitablemente debido a que ya hemos pasado los puntos de inflexión y los cambios forzarán a las naciones actuales a competir por recursos, provocando periodos de violencia y barbarie inimaginables.

De este modo, la sociedad se encuentra oscilando entre dos visiones extremas, lo que nos invita a la inacción, ya que ni tú ni yo somos los genios científicos capaces de salvar el planeta, y tampoco podemos hacer nada para evitar un desastre inminente.

Comunicar el cambio climático es una tarea de alta responsabilidad que debe empezar por desmitificar estos escenarios extremos y ayudarnos a entender las verdaderas causas, las posibles consecuencias y las alternativas reales para avanzar hacia una sociedad global más justa y comprometida.

El mundo tiene un plan concreto conocido como la Agenda 2030, pero es responsabilidad de todos asumir los roles adecuados, sin eufemismos ni desesperanza. Y para lograrlo, los agentes de comunicación debemos educarnos a nosotros mismos y emprender acciones que realmente convoquen a la humanidad en una ruta común.

Como lo anunciamos al comienzo, en la siguiente entrada analizaremos los principales errores que cometemos profesionales de la comunicación comercial, para finalmente revisar cómo podemos mejorar. ¡Hasta entonces!